domingo, octubre 02, 2005

La boda

Buenas,

Ayer fue la boda de Juan Antonio, el hijo de mi jefe. Voy a intentar contar lo que me acuerdo, ya que esta mañana desperté en mi cama sin tener ni puñetera idea de cómo había llegado allí.

Antes de ayer, cuando vine a trabajar, necesitaba saber cómo nos lo montaríamos para hacer los turnos de trabajo, ya que el restaurante cerraría pero, por supuesto, no el hotel. Pues bien, vine a hablar con mi jefe, y cuando lo encuentro (20:00h) me dice que quizá trabaje, que tiene que hablar con uno. Vale, lo vi tres veces más y a mi pregunta de si sabía algo, siempre respondía que no. Me fui cabreando, llegó la hora de irme y él no estaba allí. Lo llamé y me dijo que mañana no trabajaba. Al llegar a casa, a eso de las once de la noche me llama y me dice que sí, que trabajo a las ocho de la mañana...

Descontrol, en los tres últimos días trabajados he hecho un turno de noche, otro de tarde y al día siguiente de mañana... un puto descontrol.

Por tener que trabajar me perdí la boda en la iglesia, pero bueno, cuando llegó mi relevo me dio tiempo a volver a casa, prepararme y llegar al nuevo hotel a las 15h, la hora señalada.

El hotel es precioso, al menos el salón, y la cocina está muy bien equipada, viendo una cocina así cualquiera querría ser cocinero... si no supiese en qué consiste el trabajo de uno, claro.

La comida muy buena, servida por alumnos de la escuela de hostelería de Jerez. Para algunos, como después supimos, era su primera celebración, y se les veía a la legua lo verdes y asustados que estaban... y servir así a notas del gremio que llevan toda su vida sirviendo pues... mmm... yo no soy delicao, pero vamos, que el que estaba al lado mía, mi compañero Julián, no paraba de decir los fallos que tenían al servir y tal, avergonzando a su novia: "Siempre igual, no te puedo llevar a ningún sitio y comer tranquila, Julián" jajajajaja, me reí mucho, el chaval tenía toda la razón.

Después me di una vuelta y uno (no digo nombres) me dio un petardo de marihuana para que me lo liara. Entre tonterías, se peleó con la novia y se largó después de una calada, así que me quedé tranquilamente mirando la marisma de noche. Extrañamente recuerdo ese momento mejor, me dio por pensar y la verdad, la marihuana es un psicoativo buenísimo, te hace pensar en otras cosas a mayor velocidad, aunque casi todas ellas son inútiles... ya sabéis, la poesía es algo inservible. De todas formas me quedo con algo que pensé, que la verdad, me gustaría trabajar allí todas las noches, a los pies de la colina hay un inmenso campo de luciérnagas rojas y blancas, es precioso.

...

Volví al salón y ya habían recogido la sala. El grupo estaba enchufando los últimos cables y la barra estaba servida. Empecé a ir por los grupillos y a ver el percal, le di palique a la prima del novio y me la llevé a la barra a que nos dieran de beber. Como ella no tenía iniciativa para conversar DE NADA, empecé a buscarme las maneras pero sin mucha convicción, esta gente es de campo y sé que TODOS tienen escopeta, así que no merece la pena jugar con sus hijas... y mucho menos si tengo expectativas de trabajar para ellos unos diez años más. Volví a dar tumbos grupo a grupo, relacionándome, hasta que me di cuenta que el del micro hablaba con Juan Antonio; bailaron el novio y la novia, mu chulo, sip... Perales, joer, qué peazo de canción, vaya... sería porque ya estaba empezando a morarme, pero me gustó.

En uno de mis tumbos, me coge una mujer y me dice: Saca a bailar a Inma! (La primita de antes)... joer, las alcahuetas éstas sólo piensan en... ¿quitársela de encima? ¿hacerme de la familia? Bufffffffff... Piensan como los antiguos, ella es una chavala de 25 tacos y no tiene pareja, así que la ven ya para vestir santos. Bufffff... y no es mala chavala y tiene buen cuerpo, pero paso... podría follármela sin más y que espabilara, eso le haría bien, pero sé que más de uno no lo vería muy bien que digamos y podría amartillar la carabina... mmm... Puede que la chavala esté buscando que la espabilen, sí, pero también puede buscar la huída de la soledad... y conmigo en ese aspecto lo lleva crudo, podría fastidiarla. Vamos, que paso de meterme en rollos chungos.

Acabaron los bailes, el solista llamó a todo el mundo. Me metí dentro del follón, y cuando tiene a todo el mundo allí apelotonado va y pincha...

Pon la lira lira lira Pon la lira Sígame!
Pon la lira lira lira Pon la lira Sígame, sígame!

Me quedo parado, con cara de horror, viendo cómo la gente no sólo no lincha a ese hombre, sino que le sigue el rollo... la vergüenza ajena me dolió, y en medio de ese redil que otrora fue gente aprovecho un movimiento para salir de allí echando mistos.

Ante todo ésto opté por lo más sabio: emborracharme.

Seguí bebiendo Pampero-Cola y relacionándome, aunque mis intervenciones eran cortas porque el vaso se vaciaba cada cinco minutos, me había quedado sin tabaco y me entretuve así, yendo a la barra hasta que el muchacho que servía, al verme y sin mediar palabra me ponía la copa. Tomó confianza y me llegó incluso a llamar una vez Pampero-cola, el muy gracioso... jejeje.

A partir de aquí recuerdo que estaba hablando con un compañero y riéndome y ¡blam!, lo siguiente que vi fue mi cama a las once de la mañana. Ni puta idea de cómo llegué allí, aunque después, hablando con el muchacho y atando cabos me dijo que me dejó en el bar El Punto (vaya ironía). Un espectáculo, vamos.

A ver si viene mi jefe de una vez y hablo con él, que no sé qué hago yo aquí, trabajando como un negro.

(Jejeje)

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